TODO LO QUE CREAS

Mi vida, sin filtros y con muchas ganas de disfrutarla.

Todo lo que crees, lo creas.

Todo lo que crees se convierte en tu vida. Las ideas que has ido acumulando a lo largo de los años han ido forjando tu manera de actuar. Ni te has parado a pensar en si te iban bien o no. En si eran lo que te convenía creer o simplemente eran las ideas de otra persona que ni te planteabas cuestionar.

Normalmente, desde que nacemos, nos quedamos con las ideas de los que están a nuestro alrededor,los que nos enseñan. Las aceptamos como la única verdad. Pero no somos conscientes de que a esas personas también les han enseñado desde que nacieron, y, lo más probable, es que ellos tampoco se hayan planteado si les iban bien o no. 

Quiero decir, yo ahora sé que la manera de pensar y actuar que tenía antes no era buena, ni para mí, ni para mi familia, ni para mis amigos. No me gustaba pensar o actuar de aquella manera pero tampoco sabía que había otra. Pensaba que yo era la «rara» por no conformarme con lo que tenía y por querer otras cosas. Pero  tampoco creía «merecer» otras cosas, cosas buenas, agradables… Como toda la gente a mi alrededor pensaba de una manera similar, pero diferente a la mía, creía que lo suyo era lo normal y era yo la que estaba equivocada. 

A los 40 (más o menos) descubrí que hay otra manera, y que se puede vivir mejor. Vivir a tu manera, respetando a los demás pero, sobre todo, respetándote a tí,amándote y haciendo las cosas que a tí te gustan o te apetecen. Cosa que siempre me han enseñado que era egoísmo, porque “lo primero siempre debían de ser los demás”. Y no es que esté mal hacer el bien a los demás, pero desde el amor, no desde el miedo a lo que pueda pasar si no lo haces.

Hace un tiempo me decidí y empecé una terapia. Me ha costado, y aún me cuesta, porque no es fácil abrirse y ver dentro de uno mismo. Esto lleva tiempo, hay que cocinarlo despacio. Es un trabajo muy duro porque no sólo es darte cuenta de tus pensamientos (que pueden ser muy chungos y no ser lo que “socialmente” está admitido), trata también de las emociones que te producen y eso complica mucho la visión general que se te plantea delante. ¿En qué lugar te coloca todo eso dentro de la sociedad? ¿De lo que te han enseñado? ¿Y dónde colocas tú, entonces, a los que tienes a tu alrededor? Tú familia, sobre todo… Todo esto te hace tener unos patrones de comportamiento que te llevan por los caminos que escoges. Porque los escoges tú, aunque no te guste leerlo, es cierto. Tú siempre tienes la última palabra. Y, normalmente, las decisiones correctas son las que no solemos elegir porque nos van a dar más trabajo, o nos colocan en un lugar difícil de aceptar en ese momento.

Con la terapia hacemos introspección y con ello, hacemos conscientes los miedos. Uno de los miedos más arraigados es el miedo al juicio, a que nos juzguen. Porque uno de los deportes más practicados en esta sociedad es la tendencia a juzgar. También aparece el miedo a que te dejen de lado, a que no te quieran, porque ya no te comportas como el resto, pasas a ser “desagradable” y te retiran el cariño. Si te enfermas, ¿quién va a cuidar de tí? Y claro, el miedo a la muerte, porque te vas a quedar sola o solo y si te pasa algo, nadie va a estar a tu lado. ¿Quién va a coger tu mano cuando necesites apoyo? porque en algún momento necesitarás de alguien a tu lado, necesitarás ayuda. 

Pero es que, seguramente, también te hayan educado para negar tus necesidades… Cuando te decían que no debías pedir, entendiste que a nadie le importaba si necesitabas o si querías algo. Al final, ni siquiera tú puedes ver qué es lo que quieres o necesitas, porque como nunca te has atrevido a mirar en esa dirección …, cuando un día te haces esa pregunta: “¿y yo qué quiero?”, está tan reprimida la respuesta que no consigue ver el camino de salida. Y te aseguro que hay una respuesta esperando a poder hacerse notar. Solo necesita tiempo, paciencia y mucho amor propio, que se consigue con trabajo interno. 

Así que te animo a que te replantees tus creencias, cuáles te aportan y cuáles te anclan a una vida en la que te cuesta permanecer. Yo llevo años leyendo artículos, libros, escuchando audios, viendo videos y cambiando de parecer según encuentro una idea que me hace resonar. Porque, a pesar de que siempre me han hecho creer que no es bueno cambiar de ideas, he descubierto que no estoy de acuerdo, que de hecho, me gusta poder cambiar de ideas. Creo que es saludable el plantearte diferentes versiones y poder tener la mente abierta a los cambios. Mientras no atenten contra la integridad de otra persona, ni la mía propia, no hago mal a nadie. Y el poder elegir nos hace libres, ¿no forma eso parte de la felicidad?

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